1. INTRODUCCION
Desde 1960, año en que la
hipertermia maligna (HM) fue identificada como tal, se ha venido sucediendo una mayor
comprensión de este síndrome. Aunque revisando la literatura ya se describieron casos a
principios de siglo, el primer caso identificado y registrado fue por Denborough y Lovell.
Ocurrió en un sujeto con tendencia familiar (dos familiares fallecieron durante anestesia
general con éter). Se trataba de un joven de 21 años que temía someterse a anestesia
general por esos antecedentes familiares. Los temores del joven estaban plenamente
justicados pues por aquellas fechas la incidencia de mortalidad en la HM alcanzaba el
70-90% según revisiones retrospectivas de Kaus y Rockoff (1994).
El mayor conocimiento de la HM, y la
introducción del dantroleno en su terapéutica, ha derivado hacia un hecho importante: la
disminución llamativa de la mortalidad, especialmente desde la década de los años 80.
La evolución seguida en su conocimiento no ha ido pareja en todos los lugares. Así, en
países como los Estados Unidos, se han desarrollado programas y se han establecido
asociaciones como la MHAUS (Malignant Hypertermia Association of the United States) para
su conocimento, prevención, protocolos de anestesia y manejo de la HM. Todo el personal
que trabaja en el quirófano donde se administra anestesia general debería tener
conocimiento fundamental de la HM y el personal de enfermería debería asistir
rápidamente al anestesiólogo para todo lo que necesite en el tratamiento individual del
paciente que muestre signos de este síndrome potencialmente letal.
No olvidemos que aún hoy la HM se
debe considerar una emergencia anestésica. Se ha avanzado mucho en su conocimiento y en
las medidas de reconocimiento precoz (por ejemplo el uso de la capnografía) así como en
las medidas de mantenimiento de la vida en caso de una crisis. Esto ha derivado a que si
se produce una crisis y esta es diagnosticada y tratada prontamente, las posibilidades de
recuperación total se aproximan al 100%.
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2 DEFINICION
Se define como un síndrome de
carácter hereditario, raro, que afecta fundamentalmente al músculo esquelético. Cuando
acontece tiene lugar un hipermetabolismo desencadenado por la alteración aguda , del
equilibrio del calcio en el sarcoplasma de la célula muscular. Esta alteración tiene
lugar como consecuencia de la exposicion de determinados farmacos, fundamentalmente usados
en el entorno de la anestesia general.
La interferencia que estos fármacos
ocasionan, inicia un brusco aumento del calcio iónico y tiene lugar una cascada de
reacciones metabólicas que deplecionan las reservas musculares del ATP, se activa de
forma constante el mecanismo de la contractilidad y de las fofolipasas de membrana. Si no
se detiene al inicio, se hace irreversible y llega a destruirse el sarcolema de las fibras
musculares.
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3. EPIDEMIOLOGIA
Según las diferentes fuentes y las
variaciones geográficas, hay disparidad de criterios en torno a la incidencia de esta
grave dolencia. Se trata de un cuadro que sin tratamiento tiene una muy alta mortalidad
anestésica en pacientes jóvenes y aparentemente sanos. Las incidencias registradas oscilan entre 1:10.000 y 1:50.000 actos
anestésicos. La incidencia media en niños es algo más alta y se describe una tasa de
1:15.000. Si nos referimos a aquellas formas fulminantes, la incidencia desciende hasta
1:250.000. La mayor incidencia aparece en la poblacion infantil y de adultos jóvenes. Se
ha encontrado que existe un mayor número de casos en el sexo masculino. Se ha encontrado
también que la frecuencia más alta tiene lugar en el curso de cirugía sobre
malformaciones músculoesqueléticas como el estrabismo, la hernia, la escoliosis,
cirugía plástica, criptorquídia y cirugía dental. Las formas más graves se han
descrito en casos de cirugía traumatológica de urgencia.
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4. FISIOPATOLOGIA
Se trata de un trastorno hereditario
del músculo estriado que, cuando se expone a determinados fármacos anestésicos, sufre
una incapacidad de la membrana del retículo sarcoplásmico para secuestrar el calcio, con
lo que se altera el proceso de la excitación-contracción.
En un episodio agudo de HM los
agentes anestésicos "gatillo" (ver figura) parece que interfieren con la
reentrada del calcio en el retículo sarcoplásmico tras la contracción muscular. Este
proceso que envuelve al ión calcio es la base de todos los síntomas clínicos observados
durante la crisis.
En un individuo normal, el calcio
juega un importante papel en la capacidad celular para proporcionar la contracción
muscular. Cuando se estimula neuronalmente la fibra muscular el calcio se libera del
retículo sarcoplásmico. Este retículo es un sistema de túbulos situados a lo largo de
las fibras musculares esqueléticas. Los túbulos inician y controlan el proceso de la
contracción. Cuando el potencial de acción atraviesa las membranas de las fibras
musculares, el retículo sarcoplásmico transmite el potencial de accción al interior de
la fibra muscular.
La fibra muscular se compone de
miofibrillas que a su vez poseen filamentos gruesos (miosina) y filamentos delgados
(actina). Además dos moléculas de proteínas (troponina y tropomiosina) se disponen a lo
largo de la banda de actina. La troponina a su vez se compone de tres subunidades:
TnT,TnI, y TnC. La TnT se une fuertemente a la tropomiosina que cubre los lugares en que
la actina se une a la miosina. La subunidad TnI se une a la actina y la TnC se une al
calcio. El complejo troponina-tropomiosina reprime la interacción de la miosina con la
actina y por ello mantiene el músculo en estado de reposo.
Al liberarse los iones de calcio del
retículo sarcoplásmico al citoplasma circundante, estos iones difunden hacia el total de
las fibras musculares. Entonces el calcio puede unirse a con un filamento. Una vez que los
iones de calcio se han liberado la contracción muscular continuará tanto tiempo como se
mantengan altas las concentraciones de los iones de calcio en el fluido del sarcoplasma.
En las paredes del retículo sarcoplásmico se localiza una bomba de calcio contínuamente
activa. Bajo dicha bomba existe un canal de liberación del calcio que se conoce como
receptor de rianodina. La bomba extrae el calcio del sarcoplasma de vuelta a las cavidades
del retículo sarcoplásmico.
El calcio también juega un papel
significativo en otras funciones celulares. Entre las más importantes están la unión y
activación de la fosfoquinasa que regula el metabolismo anaeróbico y la producción de
energía; y regulando la resíntesis mitocondrial del ATP. La relajación muscular normal
ocurre cuando los iones de calcio son removidos desde el sarcoplasma hacia el
retículo.
Durante un crisis de HM los agentes
anestésicos interfieren con la reentrada de calcio en el retículo sarcoplásmico. Estos
niveles de calcio anormalmente altos mantienen la contracción muscular, la rigidez y
conducen a un estado de hipermetabolismo. Se piensa que una anormalidad en el canal de
liberación del calcio, el receptor de rianodina, es el enlace para iniciar el episodio de
hipertermia maligna.
En este sentido y siguiendo con los
estudios realizados sobre la fibra muscular de los sujetos susceptibles de sufrir HM se ha
podido investigar sobre la implicación de otros elementos de tipo receptor en el camino
común hacia el que las mutaciones en cualquiera de las diferentes proteínas , incluyendo
el receptor de rianodina, pueden volver a una persona susceptible a un episodio de HM.
Así encontramos que el RNA mensajero y/o su expresión funcional de una subunidad
específica del canal del sodio (llamada SkM2) se encontró en la biopsia muscular de
varios individuos que eran susceptibles de HM y no así en los sujetos control no
susceptibles. De cualquier manera esto aún se sigue investigando.
A través de esta cadena de sucesos
y los papeles que el calcio juega en la producción de energía, el desembolso de energía
pronto excede a la producción. Así la integridad de la membrana del sarcolema no puede
mantenerse más tiempo y se generan pic s en los niveles de calcio en el músculo,
mientras la CPK, el potasio y la mioglobina salen fuera de la fibra muscular.
Básicamente y cualquiera que sea lo
que motiva la crisis de hipertermia, lo que ocurre durante una crisis de HM es un gran
aumento en el consumo de oxigeno frente a un aporte insuficiente de energía, que origina
un incremento en la produccion de acido lactico por la vía anaerobia, acidosis
metabólica y respiratoria, aumento de la permeabilidad celular, rigidez muscular y
estimulación del sistema nervioso simpático. Tiene lugar una situción fisiopatológica
muy similar a lo que es la isquemia tisular, acumulándose gran cantidad de radicales
libres. El consumo de oxígeno llega a triplicarse en el momento de máximo
metabolismo.
Todo esto nos va a explicar la hipertermia , es decir el aumento de la temperatura, y que es consecuencia
de la estimulación del metabolismo anaeróbico, de la glucolisis intensa que libera gran
cantidad de energía, de la neutralización de los iones hidrógeno, de la hidrólisis de
los ésteres fosfatos de alta energía y del transporte de iones.
En el sistema cardiovascular,
diversas funciones se van a ver alteradas desde el comienzo. Las principales
manifestaciones de los hechos expuestos van a ser la taquicardia así como diversas
arritmias. Más adelante puede aparecer hipotensión. Se ha podido observar que la fibra
muscular miocárdica no muestra alteración en la producción de lactato ni en la
liberción de potasio.
A nivel hepático no se reconocen
grandes alteraciones, pero se constata un aumento de la glucogenolisis debido al aumento
de las catecolaminas endógenas, desencadenándose hiperglicemia.
El sistema nervioso se ve alterado
de forma secundaria debido a la acidosis, el aumento de la temperatura y la
hipercaliemia.
El riñón puede mostrar graves
alteraciones en su funcionamiento. La mioglobinuria importante que se produce en entidad
puede conducir a la oliguria o a la anuria; esto ocurre por efecto de bloqueo o
taponamiento de la membrana basal de la barrera glomerular de filtración por la
mioglobina.
Estos eventos hacen que a nivel
sanguíneo hallemos hipercaliemia, hipercalcemia, mioglobinemia descenso del ATP y aumento
de la CPK.
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| 5.
ETIOLOGIA Como ya se ha comentado la HM consiste en un grupo de
desórdenes hereditarios que se caracteriza por el incremento de la temperatura en
respuesta a determinados agentes anestésicos inhalados o relajantes musculares, más
notablemente la succinilcolina. Se ha investigado el cuerpo genético de la base de esta
enfermedad y se han constatado al menos dos o tres genes. En una de las formas de la
enfermedad en las que la herencia es autosómica dominante, los individuos están normales
entre las crisis, aunque algunos tienen elevación de la creatínfosfoquinasa (CPK). La
incidencia de esta forma autosómica dominante es de 1:50.000 a 1:100.000. La penetrancia
como se ve es variable. La herencia puede ser también recesiva. Esta forma suele tener
lugar en gente joven, varones y menos frecuentemente en mujeres, con un número de
anormalidades genéticas, que incluyen estatura pequeña, criptorquidia bilateral,
lordosis lumbar, cifosis torácica, pectus carinatum, cuello de esfinge, escápulas
aladas, retrognatia, orejas de implantación baja y oblicuidad antimongoloide de las
hendiduras palpebrales. Esta forma se denomina Síndrome de King-Denborough. La HM
también se ha descrito asociada a otras miopatías y anomalías músculo-esqueléticas,
incluyendo la miotonía congénita, la enfermedad del central core, la distrofia muscular
de Duchenne, distrofia muscular congénita de Fukuyama, parálisis periódica, miopatía
mitocondrial , atrofia muscular localizada, calambres y fatigabilidad muscular,
estrabismo, ptosis, anomalías maxilofaciales, escoliosis, pie cavo, hernia inguinal y
umbilical, criptorquidia y en pacientes con osteogénesis imperfecta. Otras veces la
herencia de este proceso es multigénica. Este último hecho da razón a aquellos casos
que no son uniformemente severos, sino más leves clínicamente hablando.
Entre los agentes anestésicos
involucrados el halotano sólo o asociado a succinilcolina, es el mayor inductor de HM. Se
han descrito también casos con el resto de los agentes inhalatorios halogenados
(enfluorano, isofluorano, desfluorano, sevofluorano). La duración así como la
concentración del agente inhalado parece que influye en la gravedad de la crisis de HM.
Se ha comprobado que la succinilcolina actúa potenciando la la acción de los
anestésicos inhalados en el episodio de HM, mientras que cuando se administra sin asociar
a dichos agentes las crisis que produce no son mortales.
De cualquier manera no debería
emplearse de manera rutinaria la succinlcolina para la cirugía electiva, sobre todo en
niños. En este sentido las compañías farmacéuticas que producen succinilcolina para
uso clínico están tendiendo al cambio en la presentación de la caja con la finalidad de
indicar que no debe utilizarse de forma habitual en niños, exceptuando situaciones de
emergencia de la vía aérea, riesgo de aspiración y otras situaciones especiales. Los
motivos para este cambio son las complicaciones descritas para el uso de esta droga, como
son la HM, la rigidez del músculo masetero, la rabdomiolisis e incluso la parada cardiaca
súbita en sujetos con miopatías no diagnosticadas.
Debido a la gravedad del cuadro es
interesante dejar muy claro qué agentes no pueden desencadenar una crisis de HM. Entre
estos están el protóxido de nitrógeno, los barbitúricos, las benzodiacepinas y los
relajantes musculares. Estos tres últimos incluso se han involucrado en un retardo de la
aparición de la crisis (si conjuntamente hubieramos empleado los desencadenantes) ya que
por su mecanismo de acción podrían ejercer de protectores. También es seguro el
propofol, la ketamina y el etomidato. La ketamina ha sido incriminada en varios estudios,
pero los más recientes la muestran como segura aunque teóricamente sus efectos
simpaticomiméticos podrían agravar un cuadro de HM que se originase por otro
agente.
Los anestésicos locales estuvieron
en entredicho durante algún tiempo y dio motivo a alternativas terapéuticas en el
plantemiento anestesico de pacientes susceptibles a la HM que requerían de estos
fármacos. Actualmente se consideran drogas seguras para los
pacientes suceptibles y la tendencia hoy en día es a usar las técnicas de anestesia
local o regional con la intervención de los anestésicos locales a fin de evitar
cualquier anestésico general.
Se pueden describir también drogas
que aunque no inducen directamente una crisis de HM, en el seno de esta pueden agravar el
cuadro. Este efecto negativo puede tener lugar cuando se hayan usado neurolépticos. La
semenjanza clínica que existe entre la HM y el síndrome neuroléptico maligno ha hecho
que se atribuya a los neurolépticos (fenotiazinas y butirofenonas) el ser agentes
productores de HM. No obstante, un neuroléptico, ampliamente usado en anestesia, como es
el droperidol, se ha usado sin anormalidad en pacientes susceptibles e in
vitro incluso disminuye la contractura inducida por halotano y succinilcolina.
Por el contrario, otro neuroléptico como el haloperidol, también ampliamente usado,
aumenta dicha contractura.
Otros fármacos coadyuvantes son los
agonistas simpáticos. Los alfa-agonistas agravan el cuadro y permiten que el cuadro
aparezaca más precozmente. Los beta-agonistas son menos amenazantes.
Si nos ceñimos a los antagonistas
simpáticos, los beta-bloqueantes actuarían contrariamente, como es de esperar, al efecto
coadyuvante de los simpáticomiméticos y tendrían un efecto beneficioso ante una crisis
de HM. Así el propanolol, in vitro, disminuye la contractura inducida por cafeína.
La atropina y el resto de
vagolíticos se ha visto que poseen un efecto agravante.
Tampoco son recomendables los
antagonistas de los relajantes musculares que con frecuencia se emplean en la reversión
de la relajación muscular al finalizar la anestesia. La razón principal de este hecho es
que habitualmente se asocia su uso con el de atropina u otros vagolíticos, así como de
naloxona, un antagonista de los opioides, lo cual puede revertir la analgesia y poner en
marcha la estimulación simpática.
Los derivados de las teofilinas, al
menos in vitro, producen contractura muscular con lo cual se agravaría el cuadro.
Tampoco se recomienda el uso de
glucósidos cardiacos, que se han correlacionado con un aumento de la mortalidad durante
las crisis de HM.
El uso de antagonistas del calcio,
como el diltiazem o el verapamilo, apenas son útiles en el tratamiento de la crisis.
Además si se asocian al dantroleno podrían inducir hipercaliemia, insuficiencia
cardiovascular e incluso parada cardiaca.
Además de estos fármacos que hemos
llamado coadyuvantes existen una serie de factores que se han venido a llamar cualificantes.
Son circunstancias que se ha podido comprobar que favorecen la crisis. Estas son un
esfuerzo muscular importante antes de la anestesia, una hipertermia preoperatoria debida a
infección recurrente, temperatural ambiental elevada, ansiedad excesiva, estrés,
hiperactividad adrenérgica. Se trata de elementos sensibilizantes en individuos
susceptibles, debido por una parte al aumento de la temperatura y por otro lado también
al aumento de la actividad simpática. No son elementos que influyan en la evolución ya
que el proceso de la HM una vez que se inicia se automantiene.
La mayor parte de las veces si se
presenta una crisis puede tratarse de casos en los que no se había previsto esa
posibilidad al carecer de datos de susceptibilidad. Por ello se deben tener muy en cuenta
los antecedentes personales. En este sentido se deben considerar con respecto a los
anestesicos un antecedente familiar de hipertermia maligna debe hacernos pensar que el
paciente puede ser susceptible a la HM. Ya hemos comentado anteriormente cómo es la
herencia de este proceso. También deben tenerse en cuenta los antecedentes de arritmias
severas en sujetos jóvenes susceptibles de HM además de los casos de muerte súbita en
el seno de su familia. Electrocardiográficamente suele observarse en estos sujetos un
aumento del voltaje del QRS, así como alteraciones de la conducción y/o de la
repolarización, aunque estas circunstancias no son patognomónicas. También hay que
considerar a aquellos sujetos con reacciones semejantes a la HM frente a un estrés
provocado por una emoción violenta, un esfuerzo muscular, temperatura ambiental elevada,
una infección e ingestión abundante de alcohol. Estos individuos serían portadores de
un riesgo elevado.
Respecto al síndrome neuroléptico
maligno, ya se ha comentado su semejanza clínica, pero de cara a la etiología y al
diagnostico queda claro que se trata de entidades diferentes.
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| 6. CUADRO CLINICO
Cuando previamente a la anestesia se
examina al paciente lo más normal es que nos encontremos ante un sujetode 4 a 14 años.
La historia clínica nos presenta a un individuo por lo habitual normal, incluso en la
exploración física. Más típicamente encontraremos anormalidades musculoesqueléticas
del tipo del estrabismo, cifoescoliosis, y alteraciones similares que ya se citaron en el
apartado de la etiología.
El principal problema que presenta
la HM es su identifcación inicial ya que los síntomas y signos que se presentan no son
específicos y nos plantean el problema del diagnóstico diferencial con otras situaciones
durante la anestesia.
El comienzo de la crisis puede ser
agudo, tras la inducción anestésica o bien puede aparecer varias horas después de
haberse iniciado la anestesia. Como ya se mencionó anteriormente, esta variabilidad en el
inicio se debe a la distinta susceptibilidad genética de los sujetos y a los diferentes
factores extrínsecos.
Como ya se dijo en la etiología,
también van a influir la edad, el tiempo de exposición a los agentes "trigger"
(o gatillo) y aquellos fármacos que actuarían como agravantes. Cuando se emplean
barbitúricos, relajantes musculares no despolarizantes o tiene lugar una hipotermia
transoperatoria leve, puede ocurrir que se guillotine la crisis o bien que se retarden sus
efectos.
Así pues el episodio de HM puede
ser leve o fulminante. Hasta un 10% de las crisis son de tipo fulminante y de estas un 25%
presenta recaídas tras la primera crisis.
Entre los síntomas y signos, de los
más manifiestos son los signos cardiovasculares. Entre los
primeros signos tenemos la taquicardia. Si no se dispone de capnografía es el más
precoz. Dada su inespecificidad es evidente que antes que sospechar una crisis de HM hay
que descartar otras posibles causas de taquicardia. Entre estas se encuentran la anestesia
superficial, sobre todo por analgesia insuficiente, la hipoxemia, los anticoliérgicos, la
hipovolemia, los simpaticomiméticos, etc. Otros trastornos del ritmo se deben a la
hiperpotasemia, la acidosis, la hipertermia y al aumento de catecolaminas circulantes. Son
frecuentes las taquicardias ventriculares y a medida que aumenta la hipertermia
electrocardiográficamente pueden aparecer ondas T picudas así como ensanchamiento del
QRS. Suele haber inestabilidad hemodinámica y en los primeros momentos la taquicardia se
acompaña de hipertensión arterial así como de aumento del gasto cardiaco, por la
estimulación del sistema nerviososo simpático, en un intento por satisfacer las demandas
que requiere el aumento del metabolismo. No obstante, y a medida que progresa el cuadro,
aprece una disfunción miocárdica con hipotensión y falla ventricular.
El paro cardiaco súbito,
especialmente cuando aparece al poco de haber administrado la succinilcolina, puede
deberse a la hipercaliemia que tenga lugar en pacientes con una miopatía no
diagnosticada. Desde el año 1990 se han registrado 40 casos. La mayoría han ocurrido con
el uso intravenoso del fármaco y en otros cuando se administró de forma intramuscular.
Estos casos han mostrado hasta un 50% de mortalidad. Esta reacción es rara pero como se
ve con una mortalidad alta. Por dicha razón se está tendiendo últimamente a considerar
el uso de relajantes musculares no despolarizantes en vez de succinilcolina, e incluso los
productores farmacéuticos de succinilcolina comienzan a advertir de aquélla posibilidad
en los envases de estos fármacos.
Respecto al aparato respiratorio
el principal signo que vamos a encontrar es la hipercapnia. Es el
indicador más sensible de la potencial HM, apareciendo de manera rápida y aumentando
hasta el doble o el triple del dióxido de carbono máximo esperado en circunstancias
normales. En los pacientes sometidos a ventilación mecánica el aumento rápido del CO2
espirado a pesar de los intentos por aumentar el volumen minuto, es uno de los signos
primeros y más precoces de la HM y por eso es tan importante el uso de la capnografía en
la monitorización anestésica. Si el paciente está en ventilación espontánea, p.e.
tras la cirugía en la sala de reanimación, encontraremos taquipnea, que es un mecanismo
para intentar eliminar la excesiva producción de dióxido de carbono. Aunque no
específico, la hipercapnia es tan típica de la HM que si dicha hipercapnia no se
constata (mínimamente con una gasometría arterial), el diagnóstico de HM es bastante
discutible. Otros signos respiratorios incluyen la cianosis debido a la desaturación por
la extracción de O2 por parte de los músculos estriados. Cuando
tiene lugar el edema pulmonar, este es tardío y se debe a fallo cardiaco y por ende a la
extravasación al espacio intersticial desde el espacio intravascular pulmonar.
Ya más tardíamente aparecen otra
serie de signos:
Uno de los típicos de la HM es la rigidez muscular, que no es constante pues
aparece en el 75% de los casos, y es consecuencia de la contracción muscular mantenida, a
pesar del uso de relajantes musculares no despolarizantes. A veces se inicia precozmente
tras el uso de succinilcolina o tras la inducción con halotano, en forma de contractura
de los músculos maseteros o trismus. En efecto, esta forma a veces se puede considerar
normal tras la administración de succinilcolina, pero en el caso de niños en que aparece
esta respuesta (1% del total) hasta el 50% presentan prueba positiva de contractura con
cafeína-halotano. El trismus en estas ocasiones puede dificultar seriamente la
intubación orotraqueal. Dura aproximadamente de 1 a 3 minutos. En estos casos lo que se
debe hacer es detener la anestesia y la cirugía si estas no son urgentes, se mantendrá
la ventilación con O2 al 100% y no se repetirá la dosis de succinilcolina. A
continuación se debe controlar la temperatura y la CPK cada 4 a 6 horas, así como la
mioglobina y los niveles de potasio, manteniendo una adecuada hidratación y diuresis. El
trismus tras la administración de succinilcolina o la inducción con halotano puede ser
un presagio de HM. Si tras el trismus se produce una flaccidez, esta respuesta es normal.
Sin embargo si luego ocurre una rigidez generalizada, la HM es muy probable. Los signos
clínicos de la HM aparecen en un 10% de los casos de rigidez de los maseteros. Existe
pues diversidad en cuanto al proceder ante estas situaciones. Algunos promueven continuar
pero empleando agentes no desencadenantes. Se recomienda que los pacientes que han sufrido
espasmo de los maseteros, sean observados durante 12-24 horas.
La hipertermia o hiperpirexia, que
da nombre al cuadro, es de aparición constante excepto en formas abortadas , es decir HM
sin hipertermia. Su inicio es variable, siendo a veces tardío. Se pueden alcanzar
temperaturas de hasta 40-43º. Como signos de esta hiperpirexia aparece la sudoración
para iniciar la pérdida de calor, así como un exantema (púrpura) a nivel de cráneo,
cuello y tórax superior. Si el ascenso de la temperatura ha sido muy rápido, este se
asocia con peor pronóstico del cuadro en cuanto a supervivencia se refiere.
Otro síndrome asociado es el de la insuficiencia
renal que cuando aparece se debe fundamentalmente a la
hipoperfusión renal y a la lesión tubular que produce la hipermioglobinuria.
En cuanto al sistema
hematopoyético, este se va a ver afectado por la temperatura alta que se alcanza, lo que
va a ocasionar, a partir de 40ºC el daño de las membranas celulares de los elementos
formes de la sangre, sobre todo hematíes y plaquetas. Una complicación tardía pero
grave es la coagulación intravascular diseminada, que puede deberse a la hemólisis, a la
rabdomiolisis o la liberación de tromboplastina sérica durante el shock .
A nivel del sistema
nervioso central puede tener lugar, de manera lenta una
afectación cerebral que ocasione crisis convulsivas o incluso coma por la isquemia y la
hipoxia cerebral.
Básicamente nos podremos encontrar
con diferentes formas clínicas: trismus aislado, trismus asociado, formas incompletas y
formas larvadas por los determinantes de su presentación.
La HM evolucionará clínicamente de
una manera u otra dependiendo de la rapidez con que se instaure el tratamiento. Iniciado
en los primeros minutos la resolución es más frecuente. Las mialgias, el edema muscular
y los signos de rabdomiolisis persisten varios días hasta la cicatrización de la lesión
muscular que se haya originado. En ausencia de tratamiento el fallo multiorgánico es
irreversible.
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| 7. DIAGNOSTICO DIFERENCIAL
Este es un acto difícil, sobre todo
al principio, que es cuando interesa detectar lo antes posible la crisis para instaurar el
tratamiento y tener mejor pronóstico. Si nos basamos en la sintomatología, la
hiperpirexia puede ser debida entre otras cosas al sobrecalientamiento exógeno por el uso
de mantas para dar calor. Los niños con mantas de calor corren el riesgo de sufrir
hipertermia simple. Hay que considerar también otras causas subyacentes como generadoras
de hiperpirexia. Un daño hipotalámico puede ocasionar regulación errática de la
temperatura. Si se realizado una transfusión sanguínea, muchas veces el primer signo que
se presenta como reacción transfusional es un incremento de la temperatura. La
hipertermia maligna debe distinguirse clínicamente también de la sepsis, meningitis,
encefalitis y otras enfermedades virales agudas.
La administración preoperatoria de
medicación como atropina en exceso, ketamina, dopamina, droperidol, antidepresivos
tricíclicos, pueden ocasionar hiperpirexia. con una cuidada correlación entre el inicio
de los síntomas y el tiempo en que se administró el fármaco, pueden ayudar en el
diagnóstico diferencial.
En cuanto a la rigidez del múculo
masetero o trismus, es un signo que se suele observar tras la exposición a los agentes
gatillo en los pacientes susceptibles. Otras causas incluyen síndrome de la articulación
temporo-mandibular, miotonía congénita, tétanos, una respuesta anormal a la
succinilcolina y el síndrome neuroléptico maligno. La presencia
de trismus debería signicar una seria advertencia para la manifestación de hipertermia
maligna.
Otro diagnóstico diferencial se nos
plantea con la hipercarbia y los efectos sobre el ritmo que esta produce. El CO2 puede elevarse ante una ventilación inadecuada, exceso de producción
o de liberación.
La causa de un incremento en el CO2 espirado es más frecuentemente por una ventilación inapropiada, pero
cuando tengamos hipercarbia, hipertermia y acidosis metabólica, además de haber usado un
agente "trigger", tendremos suficiente evidencia para diagnosticar una HM y se
requiere la administración pronta de la terapéutica adecuada.
Respecto al síndrome neuroléptico
maligno, las manifestaciones clínicas pueden mimetizar perfectamente las de la HM,
especialmente en los casos iniciales en que los síntomas son mínimos, incluida la
hipercarbia. El síndrome neuroléptico maligno, como se explica más adelante, ocurre por
un bloqueo dopaminérgico central por drogas que deplecionan la dopamina de los ganglios
basales y del hipotálamo. Como distinción importante entre la HM y el síndrome
neuroléptico maligno está el hecho de que en este último se mantiene la normocapnia, en
contraste con la hipercarbia de la HM.
Finalmente, otra posibilidad
diagnóstica diferencial de la HM viene dada por la posibilidad de una lesión anóxica
cerebral, que puede manifestarse también con hipertonía muscular e hipertermia.
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| 8. DIAGNOSTICO
Vamos a referirnos al diagnóstico
de la susceptibilidad, o bien cuando se hace a posteriori, tras una crisis compatible con
hipertermia maligna o cuadros similares y deseamos hacer el diagnóstico de
seguridad.
El diagnóstico se ha de hacer no
sólo sobre el paciente susceptible, sino también sobre los familiares. Recordemos que se
trata de un cuadro hereditario.
Existen diversas pruebas que van
desde las no invasivas hasta las de carácter invasivo. Entre las primeras tenemos a los
tests clásicos como la electromiografía y la medición de parámetros fisiológicos en
el curso de ejercicios musculares de intensidad creciente, comparando los resultados con
una tabla de valores perteneciente a individuos normales.
Si registramos un aumento
significativo del ácido láctico con ejercicios de poca intensidad nos indica también
susceptibilidad a la HM. Cuando el ejercicio es intenso, no existen diferencias
significativas.
Otra prueba no invasiva es la de
fosforo31, que consiste en estudiar el metabolismo
celular muscular durante la contracción. Se trata de cuantificar las concentraciones de
los metabolitos fosforados implicados en el metabolismo energéico (fosfocreatinina, ATP,
fósforo inorgánico), así como el pH intracelular. Este test tiene buena concordancia
con uno de los test invasivos, como es el test de la contractura.
El test de la contractura con
cafeína-halotano se ha propuesto como la prueba más fiable en la determinación se la
susceptibilidad a la HM. Consiste en la exposición dede una biopsia de músculo recién
extraída, habitualmente del cuádriceps del paciente, a concentraciones crecientes de
halotano y cafeína. La prueba se da como positiva cuando el músculo se contrae con una
fuerza mayor de 0,2 g con concentraciones de halotano inferiores al 0,2% y menos de 2 mmol
de cafeína. Cuando se muestra positiva con cafeína o con halotano, pero no con los dos
se habla de prueba equívoca, aunque desde el punto de vista práctico se debe considerar
como sensible.
Existen otras muchas pruebas
invasivas, como la de la fibra pelada, el test Fura 2, la medición del calcio libre en el
sarcoplasma, la espectroscopia de tiras musculares aisladas y el test de la contractura in
vitro con rianodina.
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9.
TRATAMIENTO
La llave para un tratamiento con
éxito ante la crisis de hipertermia maligna es un reconocimiento precoz y la inmediata
instauración del tratamiento.
9.1. Tratamiento de la fase
aguda
Cuando sospechemos una HM se deben
de suspender los anestésicos volátiles y la succinilcolina si la administramos en bolos.
A continuación debemos de hiperventilar al paciente con oxígeno al 100%, aumentando de
dos a cinco veces la ventilación minuto (al menos 10 litros/minuto). No es imprescindible
cambiar el sistema absorbedor de CO2. Idealmente se debería de disponer de un
segundo respirador de emergencia con el fin de no exponer al paciente a concentraciones de
anestésicos inhalatorios que queden en el circuito, aunque hayamos suspendido el
suministro de estos. De cualquier manera, si no disponemos de ese segundo respirador o de
personal de ayuda para cambiar las tubuladuras y el sistema absorbedor de CO2, no debemos
detenernos en esto e iniciar el siguiente paso.
Hay que administrar dantrolene sódico a dosis de 2-3 mg/kg
en forma de bolos rápidos, sin pasar de una dosis total de 10 mg/kg. La dosis puede
repetirse a los 15 minutos del primer bolo. El dantroleno se debe administrar hasta el
control de los signos de la HM (taquicardia, rigidez, hipercarbia y el incremento de la
temperatura). Aunque se recomienda no exceder la dosis total de 10 mg/kg, puede excederse
esta de manera ocasional. esto ocurre en casos en que llegados a esa dosis total aún no
se haya abortado la crisis. Primero habrá que reafirmarse en la situación de HM. Si
estamos seguros, se puede suministrar más dantroleno para controlar la crisis. El
dantroleno es el único fármaco específico en el tratamiento de la HM, capaz de revertir
la causa inicial de la HM, que es la liberación de calcio. Cada vial del producto
contiene 20 mg de dantroleno y 3 g de manitol; se debe disolver con 60 mg de agua estéril
apirógena. Se ha calculado que debe existir un stock mínimo de 36 viales de dantroleno
para el tratamiento de una HM, puesto que una vez abortada la crisis se debe mantener una
perfusión contínua del fármaco. Debido a la gran cantidad de viales, será necesario
que tengamos a nuestra disposición personal asistencial que pueda ayudar en la
preparación de la dilución.
El dantroleno es un derivado
hidantoínico, muy liposoluble, con una vida media de unas 12 horas, que actúa
disminuyendo la intensidad de la contracción muscular. Actúa directamente sobre la
musculatura esquelética y más en concreto interfiriendo sobre la liberación de calcio
por el retículo sarcoplásmico, reduciendo la velocidad y la cantidad de liberación del
calcio. De esta manera se reduce la excesiva actividad muscular y en consecuencia se
reduce la cantidad de energía y calor liberados. Como efecto secundario a la
administración endovenosa puede presentarse una tromboflebitis grave, debido a que posee
un pH muy alcalino. Se metaboliza a nivel hepático, con metabolitos que poseen cierto
efecto clínico relajante muscular. Otros efectos secundarios derivados de su mecanismo de
acción son: vértigo, somnolencia así como cambios sensoriales ocasionados por la
disminucion de la transmisión neuromuscular. A consecuencia del manitol que acompaña al
dantroleno en los viales, puede ser mal tolerado por los sujetos con insuficiencia renal
y/o fallo ventricular izquierdo. El dantroleno no parece ser por sí mismo un depresor del
miocardio. El dantroleno no debe administrarse conjuntamente con sales cálcicas,
simpaticomiméticos, parasimpaticolíticos ni glucósidos cardiacos, ya que su asociación
produce aumento de la morbimortalidad de los episodio de HM. Si administramos antagonistas
del calcio junto al dantroleno se puede producir una hipotensión grave.
La hiperpotasemia se detecta
inicialmente por alteraciones electrocardiograficas, que básicamente consisten en ondas T
puntiagudas y aumentadas de voltaje, descenso del ST, desaparición de la onda P,
ensanchamiento del QRS y arritmias ventriculares. Debe tratarse con glucosa intravenosa e
insulina. La pauta más útil comprende una mezcla de 10 unidades de insulina regular en
50 ml de glucosa al 50% y de manera más delimitada, una dilución que lleve 0,15 u/kg de
insulina regular en 1 cc/kg de solución glucosada al 50%. Si la hipercaliemia amenaza la
vida (cifras por encima de 8 mEq/L pueden producir asistolia) se recurrirá a la
administración de gluconato cálcico o cloruro cálcico. El calcio se administra a 50-100
ml a una velocidad de 2 ml/min aproximadamente.
La hipercaliemia aguda es
habitualmente la causa del paro cardiaco súbito en niños a los que se ha administrado
succinilcolina, descartando previamente hipoxemia o sobredosis de anestésicos. Si
aquéllo ocurriera está indicado administrar el tratamiento mencionado arriba para tratar
dicha sospecha de hipercaliemia, aún sin haberlo confirmado analíticamente. Pudiera
ocurrir que estuviéramos ante una miopatía subclínica.
Otra de las consecuencias del
cuadro, la acidosis, debe corregirse con bicarbonato. Este también va a ayudar al
tratamiento de la hipercaliemia, ya que el bicarbonato sódico hipertónico contribuye a
que el potasio extracelular se internalice en la célula. La acidosis se corregirá según
los datos de la gasometría. Ante la falta de la analítica de gases emplearemos una pauta
de administración de 1-2 mEq/Kg de bicarbonato. De cualquier manera el bicarbonato se
emplea hoy día de una manera más cuidadosa que hace unos años.
Debido a la hiperpirexia, el
enfriamiento del paciente es otra de las medidas que pueden llevarse a cabo. Hay que
monitorizar la temperatura, y si esta no sobrepasa los 38ºC no se tomarán medidas
accesorias. Cuando haya que enfriar al paciente lo más comun es emplear suero salino
intravenoso frío. Se empleará para irrigar estómago, vesícula, recto y cavidades
abiertas, excepto tórax por el riesgo de parada cardiaca, si estuvieran disponibles.
También se puede utilizar enfriamiento cutáneo externo con bolsas de hielo. Se hará
sobre todo en zonas de alto flujo como las axilas, las ingles y el cuello. Hay que vigilar
estrechamente la temperatura porque podríamos llevar al paciente al otro extremo: la
hipotermia.
No hay que olvidar que otra de las
medidas es la extracción de muestras de sangre para
determinar gases arteriales y venosos, electrolitos (sobre todo potasio y calcio), cifras
de CPK, coagulación, mioglobina en sangre y orina.
La arritmias se suelen controlar con
la corrección de la hiperpotasemia y de la acidosis. Si fuese necesario se empleará
procainamida a dosis de 50-100 mg intravenosa hasta el control de la arritmia, con una
dosis máxima de 15 mg/kg. Ante una taquiarritmia se podrá emplear propanolol a dosis de
10-15 microgramos por kg intravenoso. Está totalmente contraindicado el uso de
antagonistas del calcio como ya se comentó anteriormente.
Hay que asegurar una diuresis mayor
de 2 ml/kg/h, mediante hidratación o la administración de manitol y/o furosemida.
9.2.
Tratamiento de la fase post-aguda
Debe llevarse a cabo en una Unidad
de Cuidados Intensivos. El tratamiento y seguimiento se hará durante al menos 36 horas
pues durante ese periodo crítico pueden aparecer reacciones tras el episodio agudo. En
todo momento se monitorizará la presión arterial, el electrocardiograma, la temperatura
(axilar, rectal o nasal), el CO2 espirado, la saturación de O2 por pulsioximetría. Asímismo se realizarán medidas analíticas cada
6 horas: CPK, mioglobina urinaria y sérica, potasio, calcio, urea y creatinina.
Se administrará dantroleno de
mantenimiento a un ritmo de 1mg/kg cada 6 horas, durante 24-48 horas. posteriormente puede
darse en forma oral a la misma dosis durante 24 horas más. Otras medidas de sostén
incluyen el uso de fármacos vasoactivos, sobre todo al principio, por lo que se valorará
el empleo del catéter de la arteria pulmonar. Por el contrario, y a medida que transcurre
el tiempo, una posible iatrogenia es la sobrecarga de líquido e incluso el edema
pulmonar. |
Bibliografía: www.uninet.edu

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